viernes, 16 de enero de 2009

El enigma de la lápida.

Ana volvía de su trabajo. Al llegar a su casa, vio parado frente al local de venta mármoles y lápidas, que  estaba justo en diagonal a la entrada del Cementerio, a un señor, observando atentamente una de las vidrieras del negocio. Pocas veces, se detenía gente para mirar las cosas que allí se exponían. Antes de entrar, se detuvo  un instante. Le pareció ver a un hombre angustiado. Permanecía estático frente a la vidriera, mirando fijamente una lápida. Recordó que la misma tenía grabada un nombre: Damián Funes y más abajo una fecha, sí , esa fecha correspondía al día de hoy. El raro personaje, golpeó sus manos y el dueño acudió de inmediato.  
Balbuceante y nervioso, escuchó que le preguntaba:
 
- ¿De quén es...  quién la encargó... y ese nombre?
 
El dueño, debió sostenerlo para evitar que cayese desmayado.  Fue adentro, le trajo un vaso de agua y luego oí que le preguntaba:
 
- ¿Quién es Usted?
 
- Me llano Damián Funes. Soy dibujante, Anoche  pinté un rostro, que en su mirada, parecía querer sentenciarme lo peor. Impresionado por aquella expresión, huí de mi casa y empecé a caminar.  Al llegar aquí, veo esa tumba con mi nombre, con esa fecha grabada y ahora descubro que la figura que dibujé, tenía su rostro..
 
- ¿Por qué esa lápida ¿Quién es Usted?
 
-  Yo no soy nadie, trabajo el mármol, fabrico cruces, invento epitafios.  Así como  Usted dice haber dibujado mi cara, yo grabé, de casualidad, su nombre en esa lápida.
 
- Si, pero  esa fecha... Esa fecha es hoy. !Hoy!
 
Ví cómo en silencio se miraron a  los ojos. Parecía como si ambos hubiesen decidido en ese momento, pasar juntos las horas finales de aquel día. Se fueron para adentro. Subí a la terraza de mi casa y comprobé que estaban en el terreno del fondo del local.
 Desde ahí observé que primero tomaban una cerveza, luego otra, siguieron bebiendo vino. Se escuchó  música y carcajadas.   La borrachera, pareció enloquecerlos. La última botella, fue motivo de pelea. Se trenzaron en una feroz lucha. Damián cayó en una profunda zanja. El dueño de la marmolería, lo miraba desde arriba. Riendo como un loco, tomó una pala y comenzó a cubrir con tierra el cuerpo del desgraciado hombre. Enmudecí del terror. Cuando terminó de llenar la fosa, lo ví caer exhausto sobre la tumba.
En ese momento, las campanadas de un reloj, anunciaban el nuevo día. 



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1 comentario:

  1. Muy bueno, muy original este cuento, con mucho ritmo.El problema es que no sé a quien tengo que felicitar porque no lo firmó...es buenoa para empezar a adivinar quien es quien.

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