martes, 23 de diciembre de 2008

El frasco de tinta.

EL FRASCO DE TINTA               Ricardo Magenta
 
Por fin llegó el día en que escribiré una novela, esa novela que tantas veces postergué y que me había prometido hacer. Esa mañana cuando desperté, sentí una extraña sensación en la boca de mi estómago. No era hambre, ¿sería acaso temor? Estaba decidido. Me duché, me vestí  y luego de desayunar partí en mi coche a mi casa en la montaña. En horas de la tarde arribé a ella. Al descender del auto, caminé unos pasos y luego me volví. Tuve un mal presentimiento. El paso de los años me hicieron sentir un sobrenatural efecto al contemplar la fachada. Intenté dejar de lados esos presentimientos e ingresé en ella. Me dirijí el escritorio, descorrí las pesadas cortinas que daban al parque y busqué entre otras cosas , el cuaderno de apuntes, una lapicera y el frasco de tinta  que me había regalado  mi ex mujer. El mismo llevaba grabadas mis iniciales.  Cada vez que lo tenía frente a mí, sentía una rara opresión en el pecho.
Había pensado escribir una novela con muy pocos personajes. La protagonista se llamaría Eloísa, como mi ex mujer, a la cual nunca había podido olvidar. La representaría apasionada, vehemente. Escribí hasta casi el anochecer.  El crujir de los leños y el silencio del lugar, me hicieron bostezar y desear ir a dormir. A la mañana siguiente, me dispuse a continuar con mi tarea.
El día había amanecido frío y vcntoso. Las ventanas del salón se golpeaban con fuerza.. Las cerré y luego me dirigí al escritorio.  Busqué en los cajones lo que había escrito el día anterior. Solo encontré hojas en blanco. El borrador no aparecía por ningún lado.  Le pregunté a la mucama si había tirado algún papel. Me aseguró no haberlo hecho ni entrado al escritorio en mi ausencia. Me resultó extraño, pero no le dí importancia. Comencé a escribir nuevamente la novela. Al hacerlo, noté que las palabras me brotaban a borbotones, como si una mente extraña  me estuviese dictando las frases. Mi personaje ya no era la dulce enamorada que había pensado, sino una mujer  con un muy fuerte carácter y convicciones que me provocaba desaliento y dolor. Comprobé que estaba escribiendo otra historia muy distinta a la que había imaginado. Alguien le estaba dando vida a otra figura. Conseguí abandonar la escritura y sin ninguna aprensión rompí todo lo hecho hasta el momento. Al día siguiente, volví el lugar.  Al abrir la puerta, destrozado y sobre el piso de madera estaba el frasco de tinta. En uno de los fragmenos ví reflejada la cara de una mujer.  Junto a la tinta derramada, una única palabra alcancé a leer:
VOLVERÉ



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2 comentarios:

  1. Ricardito: te felicito, muy creativo tu cuento, me gustó mucho; esperamos más como este. Sergio

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