Pequeña llegaste a mi alma
tan pequeña como mi mismo ser
Camino de esperanza
recorrimos juntos,
disfrutamos el crédito
que nos dá la vida
haciendo que nuestros espíritus
se amen más cada día.
De tanto amor llegaron ellas,
nuestra sangre bendecida,
regalos del cielo
y hacedoras de más amor,
a través de sus retoños.
Seguiste mi ruta
sin imposición alguna
pero iluminando el sendero
que juntos fuimos agotando;
ese sendero con anhelados vientos
y con inevitables calmas.
Fuiste luz y sangre
entre nosotros,
fuiste la fuerza
que dominó mi vida
Hoy transitamos solos,
nadie tomado de nuestras manos,
sus vuelos ya lejos
de nuestro alcance
solo nos alientan a ver
gaviotas en el aire
con la libertad a sus pies.
Seguir queriéndonos,
es ver la felicidad de cerca
casi poder besarla..
Nada mejor pudo haber sido
que iniciar la sublime
etapa de la estación
del calmo reposo,
con la misma esperanza
con que comenzamos.
Sergio Pavlovsky
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Tan bella tu poesía, como lo es la vida vivida junto a quien se quiere.
ResponderEliminarFelicitaciones.